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martes, 22 de mayo de 2012

Inclusión en el aula con alumnos/as con deficiencias visuales

El aula o sala de clases es el lugar de trabajo por excelencia, por tanto, ha de estar dotado de los recursos necesarios para el tratamiento apropiado de los estudiantes, especialmente de aquellos que presenten N.E.E. relacionadas con deficiencias visuales.
Un elemento esencial dentro del aula, es el mobiliario, que debe estar adaptado a las posibilidades de los estudiantes (accesibilidad, operatividad, ergonomía, disponibilidad).
Especialmente significativo resulta la mesa de trabajo, que ha de ser regulable en altura e inclinación, para evitar posturas inadecuadas de los estudiantes con baja visión que puedan derivar en estereotipias o, en su defecto, se han de utilizar atriles y sillas regulables y giratorias. En cuanto a las dimensiones, el escritorio ha de ser lo suficientemente amplio para posibilitar el manejo de aparatos ópticos (lupas dobles y triples, lupas fijas con foco fijo o variable) y no ópticos.
Con respecto a la ubicación del niño/a en la sala ha de ser una decisión tomada tras una evaluación individual que cotejará diversos aspectos como la iluminación y la accesibilidad a zonas comunes, a la pizarra y a la mesa del profesor.
En efecto, la iluminación es un recurso fundamental para los estudiantes con baja visión; sin embargo, no afecta por igual a todos ellos: unos estudiantes requieren una iluminación intensa, natural y directa, mientras otros pueden precisar una iluminación media o baja, artificial e indirecta. Tanto el grado, la naturaleza y la orientación de la luz dependen del déficit visual del niño/a, aunque se requiere además una evaluación y comprobación individual. El aspecto de la iluminación adquiere una gran importancia dentro de la evaluación e intervención de estudiantes con baja visión, como puede observarse en otro lugar.
Por otra parte, la cercanía a la pizarra y a la ubicación del docente se torna fundamental, tanto para los niños y niñas con baja visión, de manera que se posibilite el acceso visual a las notas, esquemas y ejercicios de la misma, como interferencias en la percepción, pues éste será el único medio de seguimiento y comprensión de las explicaciones del docente. El profesor ha de mostrar una moderada disponibilidad hacia el lugar que ocupa el niño/a, para facilitar la resolución de dudas o demandas de éste, sin que resulte exagerada, es decir, mucho mayor que la del resto de losestudiantes.
Nunca ha de negarse la movilidad del estudiante por el aula, sino que, al contrario, ha de fomentarse cuando esté justificado, es decir, que se desplace libremente por zonas comunes, como la salida, la mesa del profesor y los armarios donde guardan diversos materiales imprescindibles para el estudiante deficiente visual.
Los espacios libres y ocupados (mesas, sillas, papeleras...) deben guardar un orden estable, de manera que los cambios que se realicen han de ser comunicados previamente, especialmente a los niños/as ciegos, para evitar posibles accidentes.
En referencia a los recursos personales, los agrupamientos flexibles y el trabajo en grupos cooperativos puede ser una estrategia didáctico-organizativa idónea de intervención educativa. Para ello, previamente el docente ha de verificar la aceptación social del estudiante dentro del grupo-clase y la aprobación de los instrumentos que utiliza (ayudas ópticas, rotuladores especiales, máquinas...).
El trabajo colaborativo entre los docentes y profesionales resulta igualmente apropiado, determinando una línea coherente de intervención que trascienda las barreras escolares e implique a la familia en la educación del estudiante, informando de los recursos especiales, funcionales y materiales que requiere su hijo, así como la ayuda que puede solicitar de ellos, y a otras instituciones del contexto.


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